Cuando un niño está llorando, está
desahogando la emoción de frustración o de miedo para salir de ella y lo único
que necesita es que el adulto que esté con ellos no quede afectado para que
pueda acompañarle con su presencia y en silencio hasta que vuelva a recuperar
la paz de forma espontánea, y no hablar
de lo sucedido si el niño no inicia la conversación.
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