El horizonte es esa línea imaginaria que siempre vemos cuando miramos al infinito y es imaginaria porque se va moviendo con nuestro movimiento.
Cuando yo era
pequeña, no sabía cómo se llamaba esa línea, ni tan siquiera sabía que era una
línea y menos imaginaria, porque imaginaba que detrás de esa línea había un
abismo o a lo mejor estaba el mar que yo nunca había visto realmente. Sabía
como era porque lo había visto en foto, o en la tele.
También me
preguntaba cuando íbamos por la carretera por qué nunca llegábamos a esa línea
para poder descubrir lo que había detrás de ella y salir de dudas. Era un
enigma para mí, hasta que un día en el colegio aprendí que eso que yo veía
siempre al final del todo era una línea imaginaria que dibujaban mis ojos en el límite de mi campo de visión, a la que
llamábamos horizonte.
Un día de forma
espontánea empecé a pensar que cambiar la percepción de algo, era como crear un
horizonte nuevo, ampliando mi campo de visión, creando una nueva mirada.
Ahora comprendo por
qué la sombra del horizonte es cambiante, porque el horizonte también lo es,
cambia en la medida que cambia mi mirada, mi percepción y eso explica que en la
vida continuamente esté cambiando el horizonte, aunque yo no sea consciente,
porque la mirada no es estática, es dinámica.
La sombra del horizonte siempre está en movimiento, como la sombra del sol, y como todas las sombras se van transformando en luz de forma espontánea, por el propio movimiento de la vida.
Las luces y las
sobras forman parte de un todo que está relacionado continuamente, las luces
siempre están dando paso a las sombras y las sombras a las luces, como el día
da paso a la noche y la noche al día.
Cada situación que
miro desde otro lado o en otra dirección el horizonte cambia, se va
transformando continuamente. Cuando empieza a aparecer la sombra del horizonte,
ya está en marcha la creación de un nuevo horizonte, aquí radica la luz de la
sombra, en su poder transformador.
Cierro mis ojos y veo lo que muestra mi horizonte hasta donde puedo ver, confiando en que mi campo perceptivo se vaya ampliando en la medida que vaya siendo necesario, como ha ido sucediendo a lo largo de mi vida, entendiendo así que todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá ha sido, es y será inevitable, conveniente y necesario para lo que venía después.
3-9-26 Manuela Álvaro Alonso

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