El castigo busca corregir una conducta por miedo, no por comprensión, sino
para que sienta culpa o vergüenza, siempre desde el estado de frustración,
recriminando y/o amenazando. No favorece la construcción de ningún aprendizaje,
ni desarrolla el espíritu crítico, sólo promueve la obediencia ciega o la
desobediencia.
Las consecuencias de las conductas no deseadas se explican con amor desde la responsabilidad de los padres, no desde la autoridad, para promover la responsabilidad y el espíritu crítico desde la comprensión, desde lo que es conveniente para todos, aprendiendo así a dar lo mejor de ellos para despertar lo mejor de los otros. No busca corregir ninguna conducta, sino descubrir las que no son convenientes por el bien de todos, desplegando la creatividad para encontrar otras nuevas que humanicen.
La terapia educativa-experiencial de escucha te facilita que mientras vas conversando con Manuela y con su acompañamiento, vayas descubriendo en tu historia cuántas veces te castigaron por una conducta y sólo aprendiste a protegerte del castigo cada vez que la repetías y cuántas veces te explicaron las consecuencias que podía tener tu conducta y sin saber por qué no volviste a tenerla. El castigo sólo sirve para adiestrar como hacen los adestradores de animales, en cambio, las consecuencias nos van transformando en mejores personas, promoviendo el proceso continuo de humanización, para que cada vez tengamos un mundo mejor.






