Los niños siempre
están observando cómo perciben y afrontan sus padres las situaciones que no les
resultan agradables. Por esto es importante que por lo menos uno de ellos sea
consciente de esto y aprenda a relacionarse de una forma nueva, en el que el
silencio es muchas veces la mejor respuesta.
Lo primero que es
necesario entender para poder aprender a relacionarse de una forma nueva es que
la realidad no existe, que existen percepciones de la realidad, por esto cada
uno tiene su verdad.
Lo segundo es que nadie está contra nadie, todo el mundo cuando habla muestra sus percepciones, nada más, por esto cuando escuchamos una percepción diferente a la nuestra, el silencio nos ayuda a podernos quedar con la información y si nos preguntan la nuestra la comunicamos breve, clara y concisa.
Una vez que
entiende esto la persona que está interesada en su transformación ya puede
entender que nadie le puede atacar con las palabras, ni herir, sólo la
percepción de las palabras es lo que puede producir ataque o heridas, porque
todo lo que dice alguien siempre habla
de sus percepciones, ofrece datos de él, de nadie más.
Cuando ya
percibimos esto así, no reconoceremos a nadie como contrincante y no
necesitaremos defendernos, ni protegernos de nadie, ni con sus hechos, ni con
sus palabras, y percibiremos siempre buenas a las personas, aunque sus
percepciones sean opuestas a las nuestras.
La bondad de los
seres humanos está detrás de sus percepciones y de sus comportamientos, por
esto la bondad que nos constituye nos permite amar incondicionalmente a
cualquier ser humano, independientemente de sus percepciones y comportamientos,
convirtiéndonos así en verdaderos seres humanos, con el corazón siempre abierto
porque ya no tendremos que defendernos, ni protegernos de nadie.






