El castigo busca corregir una conducta por miedo, no por comprensión, sino
para que sienta culpa o vergüenza, siempre desde el estado de frustración,
recriminando y/o amenazando. No favorece la construcción de ningún aprendizaje,
ni desarrolla el espíritu crítico, sólo promueve la obediencia ciega o la
desobediencia.
Las consecuencias de las conductas no deseadas se explican con amor desde la responsabilidad de los padres, no desde la autoridad, para promover la responsabilidad y el espíritu crítico desde la comprensión, desde lo que es conveniente para todos, aprendiendo así a dar lo mejor de ellos para despertar lo mejor de los otros. No busca corregir ninguna conducta, sino descubrir las que no son convenientes por el bien de todos, desplegando la creatividad para encontrar otras nuevas que humanicen.






