A mis hijas:
Mi cuerpo fue tu casa y mis brazos seran tu refugio siempre.
Durante nueve meses fuiste parte de mí, latiendo al ritmo de mi propio corazón y sintiendo cada emoción antes de ver la luz.
Desde que viniste al mundo, esa conexión no ha cambiado; solo se ha transformado en el abrazo cálido donde siempre encontrarás calma y protección.
Ser madre fue aprender a extender la vida más allá del vientre. En cada abrazo que te sostenga y calme tus miedos, mi corazón seguirá siendo esa morada segura para ti.
No importa que vayas cumpliendo años porque mis brazos serán siempre un puerto donde podrás encontrar lo que necesites.
Fuiste mi milagro por dentro y hoy y siempre serás mi regalo por fuera, ahora mejorado con tus dos hijos que son tesoros para mí.

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