Todos hemos aprendido del modelo de nuestros padres que prometer y comprometerse era un valor, que en otro momento evolutivo tuvo su sentido porque era necesario para poder confiar en los iguales y en nosotros mismos, pero en este momento evolutivo se ha convertido en una exigencia que todos sabemos que nos puede resultar imposible su cumplimiento por las experiencias que la mayoría hemos vivido de no poder cumplir una promesa o un compromiso, porque nuestro cerebro reptiliano no lo ha considerado conveniente y no ha dado la orden.
Este es el motivo por el que ahora estamos normalizando no querer prometer nada, ni comprometernos con nada ni con nadie, porque no queremos fallarnos a nosotros mismos, sentirnos culpables y castigarnos por no haber cumplido una promesa o un compromiso. Al tiempo que vamos percibiendo las promesas y los compromisos de los otros y de nosotros mismos, como una posibilidad no como una certeza.
La terapia educativa-experiencial de escucha te facilita que mientras vas conversando con Manuela y con su acompañamiento, vayas descubriendo en tu historia cuántas veces prometiste algo que te fue imposible cumplir o te comprometiste a algo a lo que luego tuviste que reconocer que no te fue posible su cumplimiento.

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