Quiero
decir que vivo, quiero decir que quiero, que sufro, que me río y que también
lloro.
Me siento
viva porque he descubierto que la vida interactúa conmigo continuamente. A
veces me presenta situaciones que me gustan, algunas ni las soñé, no me cansan,
y siempre quiero más, las disfruto al máximo sin miedo a qué se terminen porque
sé que no lo percibiré como perdida,
sino que cuando se acabe tendré la oportunidad de sentir la gratitud de
haberlo vivido, porque la vida me lo regaló durante el tiempo que duró. Disfrutar
algo sin miedo a que se acabe, para mí es la libertad que me permite
disfrutarlo en plenitud, mientras dure.
Otras veces
la vida me presenta situaciones no deseadas o temidas por mí y siento en todo
mi torrente sanguíneo la frustración y/o el miedo y aprovecho este estado para
escuchar mis pensamientos que me hablan de infinitas posibilidades e infinitas
respuestas, y reconocer que todo lo que pienso puede pasar, pero no está
pasando, no rechazo ninguna posibilidad, y recuerdo que sólo puedo afrontar lo
que está sucediendo en cada momento y siento la confianza en mi niña interior
que estará pre- elaborando posibles respuestas para poder afrontar lo que vaya
sucediendo de una forma eficaz, conveniente y satisfactoria como lo ha hecho
siempre y así voy saliendo del estado emocional y recuperando la serenidad,
tomando conciencia de que sólo de éstas situaciones he podido aprender y
evolucionar hacia la humanización, transformando las necesidades en
posibilidades o transcendiéndolas, si no
depende de mí la cobertura.
Y así cada vez tengo más confianza en la vida y en mi infinito potencial creativo para poder recuperar la paz mental cada vez que la pierda, con todo, por todo y a pesar de todo lo que me presente la vida en cada momento, recordándome siempre que lo que me está pasando, si no me mata, no puede ser malo para mí, porque nada resta, todo suma en la vida de una persona, si despliega la creatividad para descubrir que ha sido así.
15-9-2022 Manuela Álvaro Alonso